jueves, 30 de agosto de 2012

Jorge García Sabal


         En la ventana


Los patos, al amanecer, se van. En vuelo
despiden el agua, la escarcha, el musgo.
Los patos son como peces tranquilos
que no creen en el anzuelo; son patos,
solos, y sólo saben de la escopeta que mira:

por eso vuelan hacia ninguna parte, por eso
golpean, como a una puerta, el aire.



         Soledades


Es confuso lo que uno podría ser
para otro cuando uno no conoce
aquello que oscuramente quiere,
pero sabe que lo perderá; como algo
que no está sino en uno, que hace daño,
pero como uno se hace daño a sí mismo;
que humilla y da miedo. Un miedo
que parece una pregunta de inicio
y despedida; mejor: un permanente adiós.
Es confuso; después uno vive la vida
lleno de miedo ante su piel, un miedo
de murciélago solo encerrado en una casa
de luces, un miedo como una mancha oscura,
otro.
Y pasa el tiempo y de a poco uno
va cambiando palabras intranscendentes
o palabras de búsqueda cada día, y
de a poco quita los espejos, descuelga
los cuadros quita los espejos, descuelga
los cuadros, vende los muebles de la casa.

Con las puertas arrancadas, las ventanas
abiertas, agachado en un rincón lleno de frío,
uno termina preguntando a uno ¿qué vio? ¿qué?
¿quién?



      Sitio


Hice bien.
Esta noche tapé la jaula de los pájaros,
dejé sin luz a los peces que dormían
cautivos de un solo ojo, eché
por la escalera, justo en su última vida,
al gato.
Hice todo bien.
Ahora estoy solo y Billie Holiday me dice,
hamacándome, la voz llena de pasto y agria,
un cuento para dormir, un sueño. Ella
dice y cuenta cosas que conozco, hamacándome
suave, solos.

Ahora amanece, es el día para siempre.
Me hamaco. Estoy solo. Hice bien, todo bien.



        Sola


Hace que se arrastra, que camina, que vuela.
Que está ciega y sorda y muda. Que no está.
Que es otra.

Hace de encerrada en un jardín, como sombra,
voz sin nadie entre el olor malsano de las flores
y los silbidos del viento; pero llama, se muerde,
parte la lengua.

Hace, rota, partida, nuestros días y noches:
como novia, muerte, niña.



          Prisioneros


Palabras en el jardín y después pasos
y voces. Desde la ventana veo un blanco,
una pérgola, niños; niños sentados
que se mueven sonámbulos, como niños.

(¿qué dice la voz opaca cuando mira?
¿niños? ¿figuras? ¿ilusión de ver
no lo que se mira o sólo lo mirado?)

Oquedad y manto entre niños que ríen
bajo una pérgola, mientras baja el días
y la tristeza asoma allí, clac clac
allí, donde la mirada ve y mira
en la mirada ¿qué presencia?

Sonámbulos están remendando la luz ciega
hacia otra orilla, otra selva, otro
mundo que es el mismo que miro
y ellos mirarán
                      desde la ventana
                      detrás
de este vidrio oscuro y empañado

por mi aliento, la soledad, el frío.