domingo, 26 de agosto de 2012

Pablo Ananía



    Los hombres huecos


Los que nos proponemos
la presencia de un actor
que actúe por nosotros
y diga
lo que vale y no vale del comediante,
si la invención de un lenguaje
de comediante
o la imagen independiente del acting
que crea el espectador,
“Los hombres huecos” que describe Eliot,
el padre de la hija recién nacida
que embala por llanuras sin fin,
persigue las huecas, heladas formas
que lo contienen,
la proximidad de una mujer,
alimento del comediante,
que ría sobre el escenario,
se prenda al escenario
con uñas y dientes;
los hombres huecos que describe Eliot,
mudos de terror, no actúan,
ansían actuar, correr
por llanuras sin fin, emitir
un solo vocablo
antes de que se pudra el aire.



       El oro de los días se ha extinguido

(Georg Trakl)

¿Cómo son cuando tocados por la luz
tiemblan ante la fragilidad de una hoja
tocada por la luz?

Cada uno lleva en sí una parte de la cobardía,
encorva el cuerpo.

En la fragilidad de las emociones hallan la respuesta.
El lenguaje que procede de las pasiones,
el pacto que hicieron con los frentes de lucha,
los resplandores del diálogo, los resplandores,
no sobreviven al alcohol.

Confirmación de una omnipresencia: la del silencio
Nada por sugerir. Si algunas sombras se disipan
en el territorio de lo indecible todavía hay una luz,
una forma confusa de rebelión. ¿Cómo llegar a ella?
¿Cómo eludir “los esfumados reflejos” de la muerte”
¿Se humillarán, desamparados, bajo esa luz que ciega?



      Autocrítica


Verbos, circunstancialmente
elegidos
         (Evocar, templar, acceder),
vocablos que indica, si no acción,
movimiento, interpuestos o yuxtapuestos
libremente, sin orden u sujeción,
                                               vocear
como elemento disociador,
verbo de la primera conjugación,
ríspido, áspero de genio.

Vocear: dar gritos avoces,
publicar o manifestar con voces,
manifestar o dar a entender
algo con claridad las cosas inanimadas,
jactarse o alabarse uno públicamente,
en especial de un beneficio
echándolo en rostro al que lo ha recibido.

Templar: moderar la temperatura de un líquido,
sosegar alguna pasión, dar
a los metales aquel punto que requieren para su perfección,
afinar los instrumentos,
proporcionar la pintura de modo que no se desdigan los colores,
mezclar una cosa con otra para suavizar su actividad,
proporcionar las velas a la fuerza del viento,
contener y evitar el exceso en alguna materia.

Acceder: conceder,
seguir el dictamen de otro.