jueves, 30 de agosto de 2012

Néstor Perlongher



         Los Orientales

                                                                           “Los orientales
                                                                           no se doblegan
                                                                           ...............................
                                                                           ...............................”
                                                                                              (copla)

Sordo
era el silencio de la 18 de Julio cuando empezaron a apagarse
las últimas luces y Nelson y tú perdieron a los botijas
nada más
estaba la pareja de argentinos dando giros en el oscuro
las Fuerzas de Seguridad y el sol de Carrasco a las 19 yéndose
Cómo te vestías de justo porque los señores
de Sally ya habían emigrado, y no la amabas...
Faltaban cigarrillos; Walter, Franklin
conocían porteños y fumaban
en Colonia, a la llegada del vapor, en tanto
el país se vaciaba y fuera de las colas
apenas se veían lustrabotas, y nadie
compra tu amor que se devaluaba como el peso   Los turistas
te miraban fascinados y enamorándose de ti
querían llevarte a Río, a San Isidro
pero siempre desaparecían del hotel una hora antes
y qué sentido tenía vagar por el embarcadero y despedirlos:
hacían bay bay con una mano y se reían
y te preguntaban por los topos, en el Carnaval de Ciudad Vieja
entre los negros descoloridos, con fastidio
Sólo pensaban en el sexo sexo sexo    Líber, Derby
desde los hoteles de Retiro escribían a las familias y buscaban
en medio de la noche otros muchachos que los llevaban a vivir
por una hora o dos y los abandonaban
después de darles de drogar
y caminaban por calles interminables donde se olía
el ácido del río.



      Canción de amor para los nazis en Baviera


Marlene Dietrich
cantaba en Londres una canción entre la guerra:
Oh no no no es cierto que me quieras
Oh no no no es cierto que me quieras
Sólo quieres a tu padre, Nelson, que murió en Trafalgar
y ese amor es sospechoso, Nelson
porque tu papá
era nazi!
Era el apogeo de la aliadofilia
debajo de las mesas aplastábamos soldados alemanes
pero yo estaba sentada junto a ti, Nelson
que eras un agente nazi
Y me dabas puntapiés

Oh no no no es cierto que me quieras
Ay ay ay me dabas puntapiés

Ceremoniosamente me pedías perdón
pasabas una estola de visón sobre mis hombras
y nos íbamos a hacer
el amor en mi bohardilla
pero tú descubrías a ana Frank en los huecos
y la cremabas, Nelson, oh

Oh no no no es cierto que me quieras
Ay ay ay me dabas puntapiés
Heil heil heil eres un agente nazi

Más acá o más allá de esta historieta
estaba tu pistola de soldado de Rommel
ardiendo como arena en el desierto
un camello extenuado que llegaba al oasis
de mi orto u ocaso crepúsculo que me languidecía
y yo sentía el movimiento de tu svástica en las tripas
oh oh oh



       El cadáver


Por qué no entré por el pasillo?
Qué tenía que hacer en esa noche
a las 20.25, hora en que ella entró,
por Casanova
donde rueda el rodete?
entre casillas de ojos viscosos,
de piel fina
y esas manchitas en la cara
que aparecieron cuando ella, eh
por un alfiler que dejó su peluquera,
empezó a pudrirse, eh
por una hebilla de su pelo
en la memoria de su pueblo
                                                        Y si ella
se empezara a desvanecer, digamos
a deshacerse
qué diré del pasillo, entonces?
Por qué no?
entre cervatillo de ojos pringosos,
y anhelantes
agazapados en las chapas, torvos
dulces en su melosidad de peronistas
si ese tubo?
Y qué de su cureña y dos millones
de personas detrás
con paso lento
cuando las 20.25 se paraban las radios
yo negándome a entrar
por el pasillo
reticente acaso?
como digna?
Por él,
por sus agitados ademanes
de miseria
ente su cuerpo y el cuerpo yacente
de Eva, hurtado luego,
depositado en Punto del Este
o en Italia
o en el seno del río
Y la historia de los veinticinco cajones

Vamos, no juegues con ella, con su muerte
déjame pasar, no ves que ya está muerta!

Y qué había en el fondo de esos pasillo
sino su olor a orquídeas descompuestas,
a mortajas,
arañazos del embalsamador en los tejidos

Y si no nos tomáramos tan a pecho su muerte, digo?
si no nos riéramos entre las colas
de los pasillos y las bolas
las olas donde nosotras
no quisimos entrar
en esa noche de veinte horas
en la inmortalidad
donde ella entraba
por ese pasillo con olor a flores viejas
y perfumes chillones
esa deseada sordidez
nosotras
siguiéndola detrás de la cureña?
entre la multitud
que emergía desde las bocas de los pasillos
donde voces de pánico

Y yo le pregunté si eso era una manifestación o un entierro
Un entierro, me dijo
entonces vendría solo
ya que yo no quería entrar por el pasillo
para ver a sus patas en la mesa de luz,
despabilando
Acaso pensé en la manicura
que le aplicó el esmalte Revlon?
O en las miradas de las muchachas comunistas,
húmedas sí, pero ya hartas
de tanta pérdida de tiempo:
ellas hubieran entrado por el pasillo de inmediato
y no se hubieran quedado vagando por las adyacencias
temiendo la mirada de un dios ciego
Una actriz –así dicen-
que se fue de Los Toldos con un cantor de tangos
conoce en un temblor al General, lo seduce
ella con sus manera de princesa ordinaria
por un largo pasillo
muerta ya
                            Y yo
por temor a un olvido
intrascendente, a un hurto
debo negarme a seguir su cureña por las plazas?
a empalagarme con la transparencia de su cuerpo?
a entrar, vamos por ese pasillo donde muere
en su féretro?
Si él no me hubiera dicho entonces que está solo,
que un amigo mayor le plancha las camisas
y que precisaría, vamos, una ayuda
allá, en San Isidro
donde los terrenos son más baratos que la vida

lotes precarios, sí, anegadizos
cerca de San Vicente (ella
no toleraba viajar a San Vicente
quiso escapar de la comitiva más de una vez
y Pocho la retuvo tomándola del brazo)

Ese deseo de no morir?
es cierto?
en lugar de quedarse ahí
en ese pasillo
entre sus fauces amarillas y halitosas
en su dolor de despertar
ahí, donde reposa,
robada luego,
oculta en un arcón marino,
en los galeones de la bahía de tortuga
(hundidos)

Como en un juego, ya
es que no quiero entrar a esa sombría
convalecencia, umbría
-en los tobillo carbonizados
que guarda su hermana en una marmita de cristal-
para no perder la honra, ahí
en ese pasillo
la dudosa bondad
en ese entierro



        La raya


Hacer de raya espiralado ruedo?                de vestido, sombrero?
         piso, hamaca?
cuando ésta se termine  cuando acabe       rempezar rempujar
                                                                  rellenar enllenar
cuando ésta crepe, espiralar la raya? el firulete?
         llovía y te ofrecí
Hacer de hueco encarnizado cerro?
cuando rota la lente estalle el ojo               miro lo desmirado
         tullir la opaca       bota   cuando empiece   la lluvia,
         el ofrecí
estuve entonces?  cuándo?      cuando vuelva
                                               de vuelta darle vuelta
Juan a ser Pedro, Pedro a ser Cristina
qué voz, qué yeite, qué encorvado cuello   ofrecerá la lluvia
         cuando el mambo
hacer de torpe pie tullidas alas?
si acaso el dulce novio, cuando regrese, hallare
         violada madre                violentada esposa
         “el bueno, dicen, no es demasiado bello”
roto libro?
dar dado lo tenido?       comprar vendidos pastos?
Si prendido el aro          gime la triste oveja
         apalabrar en rejas de entusiasmo senil,
                   de antigua curva?
Si, pasado el Danubio, ya no restara tibia agua
                   despertar a los presos en la noche llevando sucia sábana?
así vestido?
Cuando ésta recomience, ser abandonado por ella?
                   ser roído, mordido por sus fauces?
cuando llamen, nos estarán golpeando?
de terco hijo, espiralado padre?





          Made in USA


Mientras John Bolson tocaba el saxo en Minessota,
         tras separarse de Ben y Tom Galloti,
         en la estación de Cincinatti,
         Canción de Cuna en Iowa:
         “Vamos Betty Bop con esos mohínes de canalla
         reina de lataen el aguantadero de los negros...”
Qué no era lujo en esa joya trabajada?
         en ese cuerpo de tediosa anguilidad?
esas chinelas de terciopelo donde tomaban sus largos dedos
         recamados
tocando el piano de la siesta
enrollando el collar en las gargantas de los tigres
a los que fuertes pechos...?
oponer...?   Oh poner
el abdomen de Bop con marcas de zapatos azules con restos de
         barro de las acequias con briznas de pasto de las praderas
         con
,y Bob Orton acariciaba sus nalguilas quietas y blandas como
         medusas y pelusa de los pezones, las plumas de pavorreal
         en derredor del  mosquitero
y pegaba una bala?
y huía en su motoneta enloquecida?