jueves, 30 de agosto de 2012

Susana Cabuchi


         Aires de Julio


Obediente
a engañosa señal
por los fines de julio
una flor de durazno.
                            Oh, falsa,
mentirosa primavera,
con que fríos
castigarás
a la inocente.




      Dicha


Mediodía de octubre:
con dos ciruelos blancos
y un cerco de geranios
la casa
         del guardabarreras
es el paraíso.





       Silencio


En el silencio
la noche campesina.
Olor a hierbas húmedas.

Va a llover.

Sólo escucho
quemarse los insectos
en las velas.



       La carta


Ha llegado la carta.

Está sobre la mesa,
al lado de las flores.
La miro
                   largamente.
Conozco la letra.

Pero la leeré
a la medianoche,
cuando los trenes
que pasan hacia el norte
hagan temblar
los vidrios de la casa.



       La hermana


Bajo un cálido agosto
hablamos
con mi hermana,
la del vestido azul,
la que tiene una pena.

(Tanto ha pasado
desde que el viento
golpeara las acacias,
desde aquellos atardeceres
silenciosos)

Y la siesta
y el aires de este invierno
le serena los ojos,
mientras
              cruzan el cielo
equivocados
dos pájaros de octubre.