domingo, 26 de agosto de 2012

Manuel Ruano



Delante de mí, una carrera de búfalos en estampida. La polvareda tenaz.
Dentro de mí, búfalos asesinos que andan sueltos.
Es el rigor de la contienda ante los cielos limpios.
Detrás de mí, enloquecidos búfalos guiados por un niño intratable.
Fuera de mí, una gran Asamblea de búfalos suicidas,
que han decidido atropellarlo todo.
Hasta derribar las paredes del ocaso.
Más allá de mí, ¿qué puede haber más allá de mí que un cementerio de búfalos,
y yo corriendo como ellos contra la muerte?





Me gusta la Noche. La reconozco desde siempre.
Durante la noche se funden las pasiones con las promesas y renacen los
         misterios.
Durante la noche se aturden las voces de los manicomios y los locos se aman
         en los pasillos.

No me gusta la Noche. Odio la Noche.
Durante la noche se da tormento en enterradas cárceles.
Recrudece el dolor en la sala de los moribundos.
Se queman bibliotecas. Se estudia el turbio líquido de la desesperación
No me gusta la Noche. Sus ojos son leprosos.
Deben suplicar para vivir. Vivir para suplicar.
Ahí van todos los demonios para hacer sus ritos.

Sí, me gusta la Noche. Allí se pierde toda tranquilidad.
Empieza el peligro, realmente.
Empiezan los grandes males, los desperdicios de los sótanos, los forajidos de
         un galpón cualquiera que corroen todo ánimo de vivir.
Es un canto la Noche. El laboratorio perfecto.
Durante la noche se fragua la venganza.
Alfonso el albañil; el carpintero borracho; y el ciruja tuerto, amaron la noche.
La loca del barrio, la turca teñidora de trapos, la cocinera de la fonda, la
         patrona de la fundación, la difunta Correa,
también la sintieron inolvidable.
Pero durante la noche, ¿qué importancia puede tener mi discurso?
Las tabernas lucen más espléndidas y las mujeres se pintarrajean con rabia.
Y alguien perdió allí sus ojos de fiera volcánica.
No me gusta la Noche. Porque toda la basura tiene su franja festiva.
Me seduce la Noche. Me gusta la Noche.
Es una película maravillosa.
Desde kilómetros huele su sagrada peste.
Los países que no tienen noche, son pesadillas terribles.



          De la inocencia aflora el atractivo paisaje de la perdición


Cuando me señala con el dedo la Demencia,
les muestro las Sagradas Escrituras,
o el Das Capital de un demonio incorregible,
donde tornárame cruel, burlón,
más cerca de la maldad que de la desconsolada niñas de la noche.
Traspasado por los blancos muros de la locura,
acaso por el dedo de la Adversidad, señala sus olvidados fantasmas...
Porque así lo hubiera dicho las Actas Procesales.

Cuando de la inocencia aflora el atractivo paisaje de la perdición,
el amor cae fulminado por una espada misterios.
Cuando me señalan con el dedo de la Cordura,
les hago ver que soy el niño bobo del lugar que se juega a ser santo.
Pero entonces ya no sé –realmente no sé-,
porque es como arrastrar el cadáver del universo.
O de alguna manera, los caballo muertos del porvenir.



             Bajo los cielos de Alice Springs


Yo tengo ahora los recuerdos de tus reflejos
de Alice Springs, como oigo los cantos de los ángeles
y adivino tus movimientos en el espejo.
Yo veo que salen de tus ojos peces luminosos
como ráfagas y turbias son las lágrimas de la vieja
canción, como lejos Alice Springs.
Y sin embargo, me quedo gritando en esta antigua feria
de las costumbres llena de flores rojas,
ocultando el sentido de nuestras almas.
Yo que he entrado en la locura de los discursos
peligrosos y el medio me penetra y soy capaz
de llorar cuando veo salen peces luminosos
de tus ojos, como piedras traídas del sol.
Yo tengo ahora la memoria y sacudo las razones
como  a mis viejos calcetines; porque apareces en mí
como esas aguas eternas de la región de los imposibles.
Me arrodillo ante ti y espero a que recibas
mi enfermedad, como a una joya violenta; y ruego ante ti,
con esta enfermedad de sueños perdidos.
De mis visiones salen criaturas rabiosas,
que desembocan en extraños gritos de ángeles borrachos
y melancólicos.
Yo tengo el recuerdo, mientras tu adiós ha sido
más rápido que un avión de la Pacific Air Lines
sobrevolando mis ruinas. Los recuerdos, mi querida,
están atravesados en los nocturnos ojos
de los que nos hemos puesto definitivamente a soñar.
Yo, apenas si he abierto las puertas de tu paraíso.





           El baile de Hinda”


Ven a mi casa; ansía tu presencia
un círculo de amigos escogido.
Ibn-Áammar, siglo XI.

Por culpa de Hinda se precipitaron las tribus beduinas al desierto.
Y más de uno bebió hasta enloquecer.
Por culpa de Hinda, plantaciones terribles ocuparon mis sueños,
como una selva enmarañada de raros perfumes,
y un harén perdido bailó la noche entera en mi memoria.
Por culpa de Hinda se perdieron imperios radiantes como el sol,
como fogatas del recuerdo que arden en la noche,
y grandes tesoros fueron arrojados al mar.
Por culpa de su boca naufragaron príncipes y sultanes,
y fueron arrasadas civilizaciones enteras.
Por culpa de Hinda se degollaron inocentes;
mientras sacudía en sus pechos y caderas, brillantes monedas de plata,
como lentejuelas mojadas por el rocío.

Por culpa de Hinda, se embriagaron los bárbaros y los santos.
Por sus ojos los peces flotaron en los océanos
y los barcos encontraron el fondo del mar...

Viajero: éstas que aquí ves, son las cenizas de Hinda.